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Opinión

A la contra

Un par de ideas, sencillas pero buenas, una idea colectiva, de eso hablaba Prandelli en sus primeras jornadas como nuevo general; y sobre El Molinón apareció un esbozo. No siempre bien ejecutadas, pero encuentras intención en todas ellas. Hablamos de las contras

19/10/2016 - 

VALENCIA. ¿Queremos ver más de lo que realmente hay? Pues claro, tras un régimen a pan y agua cualquier desperdicio resulta un manjar. ¿Puede que nada sea lo que parece? Lógico, no hubo tiempo para asentar idea alguna, ni existen elementos suficientes para alzarlos a categoría de realidad. ¿Hay detalles que destacar? Sí, unos cuantos, y muy estimulantes.

Un par de ideas, sencillas pero buenas, una idea colectiva, de eso hablaba Prandelli en sus primeras jornadas como nuevo general; y sobre El Molinón apareció un esbozo. No siempre bien ejecutadas, pero encuentras intención en todas ellas. Hablamos de las contras. De salidas rápidas. Transiciones veloces. De juego al primer toque. Asuntos para hacernos llorar de alegría y emoción acostumbrados como estamos a padecer un equipo que en años no supo aprovechar un contragolpe por verse obligado a parar en seco, girar sobre sí mismo, retrasar el balón (generalmente al portero o al central) e "iniciar jugada" permitiéndose el lujo de contemplar cómo se desvanecía una generosa autopista hacia la gloria.

Sólo un ciego era incapaz de observar lo fácil de defender que resultaba este equipo. Lo que le costaba generar peligro, y del exceso de elaboración, absurda e ineficaz elaboración, para plantarse en el área enemiga.

Por eso lo poco mostrado ante el Sporting resulta cautivador. Preguem al senyor para que se convierta en norma y no en espejismo. Porque estamos ante la primera muestra de inteligencia, de la existencia de un entrenador, en mucho tiempo. ¿Por qué teniendo jugadores rápidos, con aptitudes para destrozar al rival explotando los espacios que te deja, vas a obligarles a jugar en estático, a recibir de espaldas, cuando haciéndoles correr son mucho más efectivos?

El domingo vimos más contragolpes que en los últimos cursos. Los hubo de todos los colores y condiciones, localizando siempre dónde estaba el pase, el pasador, y dónde había que hacer daño. No fue una acción continuada, ni fluida, pero de tanto en tanto, como un reloj marcando la hora, hacía acto de presencia para deleitarnos con la sencillez que evoca dos semanas de trabajo y un equipo mal hecho.

Otro síntoma de vida inteligente, una acción que propició darle más velocidad a la salida del balón sin tanto caracol, fue proteger a Parejo poniéndole dos pivotes tras él, situándole allí donde más aporta con su don natural de anotador y asistente, apartándole de zonas y obligaciones que le penalizan, de escenarios que se lo comen. Aunque la idea, excelente, arrastra la tara de los perfiles. Un Enzo, volante al que le extirparon su cualidad más destacada, sorpresiva llegada desde atrás y chut de media distancia, al que le cuesta medir los tiempos; y un Mario Suárez resultón de centrocampista rematador, pero aún muy alejado de lo esperado como defensivo.

Esa zona en especial reclama refuerzos de talla, de jugadores que sean malísimos con el balón en los pies, pero muy buenos sin él. Esa zona en especial, pero en muchas otras, para compensar, también requieren tipos de oficio —ay, esos laterales tan huecos— porque la ausencia del mismo es lo que marcó el final del encuentro, lo que pudo acabar con el trabajo de 80 minutos, ya que este Valencia sigue sangrando cuando el match obliga a replegarse y achicar.

Y no es cuestión de desmerecer, la solidez que vimos la tarde-noche dominguera es una solidez nunca vista en el último año y medio, pero se volvió a pecar de inmadurez, de no saber leer situaciones. De incapacidad para poner el the end en la pantalla cuando al minuto 85 vas 1-2 fuera de casa. En tal tesitura se pusieron a jugar a aquello que le interesaba al rival.

Ahora veremos al Prandelli de local, esperando que el complemento contragolpeador no sea efímero, sino ley, en un equipo más hecho para correr que para tocar. Al que don Césare tendrá que enseñar un par de trucos para frenar partidos que enloquecen en pro de amarrar puntos en lugares más exigentes.

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