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TRIBUNA LIBRE

Junts som invencibles

9/01/2017 - 

Somos la afición del Valencia CF. Este marco de lealtad al club va más allá de una realidad formal. El Valencia CF no son únicamente el accionista, socio o abonado. Y eso que, como mínimo, 40.000 personas tienen una acción del Valencia CF. Son muchos más los dueños morales del club. La sociedad fundada en 1919 tiene muchas generaciones de valencianistas, mujeres y hombres, que la sienten como propia diga lo que diga el registro mercantil. Esta voluntad de ser ni la compró Lim ni estaba en venta.

Por eso, con pocos dogmas y sin ser una pandilla de anarquistas, desde tiempo inmemorial en este club manda que entre la piloteta. No nos gusta el fútbol más que a otros, nos gusta que gane el Valencia CF. Por la misma razón, la del poder divino del balón por encima de todas las cosas, la desafección atávica a los dirigentes. Allá la directiva y los que figuran y de otra parte los valencianistas leales, los que no se van con el tiempo, pagan el pase como pueden y limpian el asiento con el mismo pañuelo que gastan para pedir la oreja del árbitro o la del presidente. Aquí ganó Jaume Ortí la liga mil años después y tuvo que suplicar que le dejaran hablar en una presentación. No hay más Dios que el resultado o el pan y circo porque sin democracia interna el valencianista fiel siempre ha estado alejado del poder.

No murió tampoco esta manera de entender el valencianismo cuando Juan Soler compró las acciones a Paco Roig por encargo de Paco Camps. Ni se esfumó el vínculo para siempre cuando se subastó la sociedad de manera indecente, en plaza pública, por un banco rescatado de manera indecente, con permiso de un gobierno de la Generalitat indiferente y cobarde. Lo que hizo Amadeo Salvo, con o sin cartulinas, le tocaba de oficio a Alberto Fabra: dar la cara por la refinanciación de la deuda del club y exigirla sin tanta due dilligence o economistas de pago. Era per la mare que m'ha parit, determinación dicen los del coaching, por todo el daño hecho por Bancaja a los valencianos y también al Valencia CF.

Tres años antes de la venta a Lim se urdió una operación que es carne de tribunales en el presente, la de Newcoval. Es pasto de jueces con los informes de peritos del Banco de España, los de la UCO y los de Goirigolzarri que la denunció en la Fiscalía al cuarto de hora de entrar. Seis años antes de la llegada del señor de Singapur, se tramó en otro mes de agosto, la ampliación de capital para recomprar a Soler las acciones por egoísta interés de la, en paz descanse, Bancaja de Olivas-Camps. Con el préstamo a la Fundación nos impuso como gestores a Llorente y a Javier Gómez, el que decía que en la 13-14 se inauguraba el campo nuevo y nos la hizo para llevarse 1,2 millones de finiquito.

Manolo Llorente, que ya había entrado para controlar a Paco Roig por encargo de sus hermanos, se clasificó para la Champions cada año aunque vendiendo a las figuras para garantizar el cobro a los que le pusieron. Mandaba en el club y en la Fundación, poniendo él a la mayoría del patronato y con el resto sin ir o aceptar el nombramiento o de comparsa, porque estaban hasta las Bandas de Música. Pero como en Europa son serios, como lo fue la juez Alabau anulando el aval de tocomocho en 2013, la UE ha impuesto al Reino de España una multa de 24 millones que le debe exigir Ximo Puig al Valencia CF.

Para la Comisaria de Competencia debe pagar el Valencia y no la Fundación porque fue todo una milonga para inyectar dinero por la puerta de atrás, con el aval del IVF. No estábamos locos los que defendimos este hecho hace siete años mientras se partía la caja Társilo Piles: el folleto de la CNMV nunca se registró para vender las acciones y que ellos se marcharan. La broma, o el secuestro del club con dinero público, habrá costado con intereses y comisiones más de 45 millones de euros para pillar 74. A los que sumar 18 que se saquearon a los pequeños accionistas para mantener el descuento, a los valencianistas fieles. Pero la pelota entraba.

Tan brillante gestión para dejar el nuevo estadio a medias y parado, el empastre de Porxinos con un pueblo en armas unido al revolcón judicial del Supremo y a la posible reclamación de los compradores por más de 100 millones, el préstamo de la Fundación sin pagar creando un problema de 94 millones al Consell como avalista mientras cerraba empresas públicas y despedía a miles de personas, 225 millones de deuda bancaria con todo el patrimonio hipotecado… 

Para colmo, la permuta del solar del nuevo Mestalla sin hacer con el Ayuntamiento, construyendo en precario, 20 millones más, deudas a constructores por otro tanto y el pabellón de Benicalap por levantar para alegría vecinal. Y para que nadie se olvide: con una sentencia por ejecutar para tirar al suelo la ampliación de Mestalla desde 2006, la que originó la patà i avant de Rita Barberá buscando a constructores para hacer un nuevo estadio. Rafael Blasco convenció a Paco Roig por 35 millones y Soler hizo el resto. Todo para disimular que el Ayuntamiento había permitido esas obras fuera de ley. De paso un nuevo estadio con anillo olímpico para atletismo en el que se celebrarían los Juegos Europeos de Urdangarín en 2010. La pelota entraba, pero el Valencia CF era Sodoma y Gomorra.

Con este panorama ni dando una comisión del 10% se encontraba un comprador por 200 millones. Cerberus, que era el fondo del hijo de Aznar y dicen que de otro de Pujol, se había quedado los activos tóxicos de Bankia para pasarlos al Sareb, el banco malo que con dinero del rescate europeo lo pagaba mejor que nadie. Cerberus era Bankia, la misma que urdió el aval que ahora cuesta 24 millones, la que secuestro el club para la Fundación…  Wanda quería una quita de lo que se debía a Bankia como consiguió comprando al Banco de Santander por 260 millones un edificio en Madrid que se había adjudicado la familia Botín por 389. Y los rusos de Rus pa què parlar, si eran los de Granell-Aedifica-Newcoval que Anticorrupción investiga por pelotazo de la familia Rato. O aquel de Costa Rica, Alvarado, el que se puso a vivir en Las Arenas mientras Soler presuntamente embastó un equipo para secuestrar a Soriano.

Este repaso lo es también a los que con amnesia selectiva piensan que con Lim llegó el escándalo. Para todo este festival del humor ha habido colaboración necesaria, silencios cómplices y jaleos varios. Y mucha pasta a repartir. Lim es, por conceder algo, una capítulo más pero no el más bochornoso. Por lo menos, los ha puesto, de momento y quién sabe si ya los ha sacado. 

Algún día, tanta mierda tenía que supurar y castigarnos Dios por tanto pecado. Somos esa afición leal que ha visto perpleja todo este circo, a veces manipulado a base de subvención o patrocinio para trasladar una realidad convenida, la del poder establecido. Así las cosas, esta crisis también es la de los medios que deben resolver si adquieren una nueva manera de informar pasando de la propiedad o directiva del club o al lado de las personas honestas que conforman el valencianismo. El que juega hoy con el demonio se quema y el que jugó está quemado.

Además, que tengamos máximo accionista ha hecho más profundo ese cordón sanitario que ya es trinchera y va para barranco: de una parte el pueblo, la afición del Valencia CF y de otra la propiedad, como se llama ahora. Más todavía, de una parte los valencianos y de otra el extranjero (hace las juntas en inglés a puerta cerrada, en su consejo de administración son casi todos extranjeros, nos preside una señora que nos riñe por no entender su cultura). De una parte el negocio y de otra el sentiment.

Ahora necesitamos que el Valencia CF sea valenciano y valencianista como he intentado describir. De los valencianos como es y debe ser. De una parte estará la propiedad y enfrente el valencianismo porque no tenemos 200 millones para comprarle el club. Si Lim quiere paz debe dejar el club en manos de valencianos que entiendan este complicado negocio que en esta tierra une fútbol y sentiment. También necesitamos crear un clima favorable a la salvación del club y dejar la crítica y la autocrítica para cuando toque. Ahora toca animar, hacerlo todo bueno. Penalizar a los agoreros por antivalencianistas si hace falta. Pero el pacto debe ser que, una vez salvada la camisa si quieren, se nos deje gobernar lo que no compró Lim ni le vendimos los valencianistas: un sentiment.

Apoyamos la opción de Lim porque no había otra mejor y por llevarle la contraria a un banco que había esquilmado el club. Pero no para esto, no para la frialdad numérica de una señora asesorada por cuatro pistoleros que nos recuerda a los que nos negaron la refinanciación y al negocio delictivo. No para que cuatro a sueldo se dediquen a matarse entre ellos, conspirar, cobrar honorarios sabiendo que pierden los juicios o a dar la coartada al expolio de la plantilla y de un patrimonio forjado a base de mucho esfuerzo.

Para generar ese ambiente positivo hace falta una plataforma en pro de la salvación que, por ejemplo, organice autobuses para animar lejos de Mestalla y que reviente nuestro estadio haciendo una final de cada partido en casa. Y si Lay Hoon no quiere, habría que montarla también, para eso somos los dueños del sentiment. El año 1958, después de la riuà, hubo Fallas y, como dijo Martí Domínguez, ante la falta de apoyo para reconstruir la ciudad, hablaron hasta las piedras. Mandaba Franco

Si ahora nos conjuramos los valencianistas es pan comido. Que se lo pregunten a Goirigolzarri cuando creía que tenía vendido el Valencia CF. Se vendió pero no lo hizo él. Lo compró quien quiso la mayoría de la afición contra viento, alguna prensa que se quemó para siempre, el aparato mediático de Bankia y el de la Generalitat. No decidió quien tenía las acciones porque el sentiment dijo que se vendía al que prometía futuro y fútbol. Esa fuerza moral se debe dirigir para hacer que Lim cumpla y que se deje ayudar. O que se aparte. Junts som invencibles.

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