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Miedito(n)

La lógica empresarial tendría al Valencia en un estadio muy superior al que se encuentra. Porque dicha lógica habla de potenciar estructuras, de buscar los mejores profesionales a tu alcance, de trazar planes a largo plazo, de trabajo minucioso

4/01/2017 - 

VALENCIA. Tal vez, en un alarde de buenismo, uno puede creerse eso tan manido de "las buenas intenciones" de Meriton. Pero no se puede ignorar que esas intenciones, por honestas que sean, se están convirtiendo en un problema para la supervivencia del Valencia.

En otro alarde de algo, hasta puedes repetir como mantra que esta gente se mueve por preceptos empresariales. Pero no hay nada más falso que eso. Meriton no se rige por nada, más que por su propio interés. Compras y ventas sin criterios deportivos y altas rentabilidades. No entienden el fútbol de otra manera. Resguardarse en la lógica empresarial, "probrecitos, que dirigen esto como una Farmacia", es engañarse a uno mismo.

La lógica empresarial tendría al Valencia en un estadio muy superior al que se encuentra. Porque dicha lógica habla de potenciar estructuras, de buscar los mejores profesionales a tu alcance, de trazar planes a largo plazo, de trabajo minucioso. Y nada de eso existe en este club singapurés. En dos años lo máximo que ha hecho Lim para tales menesteres es reincopororar a Manolo Más.

Los hombres de números no se limitan a contratar amigachos sin experiencia para dirigir proyectos de envergadura. La teoría del negocio no habla de colocar a gente ajena a la industria para desarrollar complejas estrategias de expansión. Ni su definición de liderazgo cae en la lejanía, la constante ausencia, o la dejadez de directivos que están de paso. No, la aventura de Meriton es un despropósito allá donde mires.

El modelo portugués lo dábamos por descontado —al menos yo lo daba— creyendo que se compensaría en oficinas. Hacer un Benfica puede ser atractivo si se acompaña todo de un potente entramado y de exhaustivo trabajo. Pero aquí no hay más plan que aquello que diga Mendes. Lejos de ganar todos, sólo está ganando uno.

La espantá de Prandelli —tras el Fuori no le quedaba otra si no recibía el apoyo incondicional del club— sirvió para comprobar que Meriton no sólo miente o tergiversa en público, sino para ver que también lo hace en privado, con sus propios empleados. La espantá de Prandelli ayuda a entender a los cándidos el porqué necesitan de Neville, Ayestarán, Suso o Más.

Meriton vive bunquerizado por imperativo estratégico. Construyendo un universo donde todos, menos ellos, están equivocados, buscando en la mordaza su particular alfombra roja. Por eso no hay posibilidad de mejora, no son conscientes de sus errores; no los consideran como tales. Pero eso no es lo más doloroso, lo grave es que en tiempos de la postverdad, en pleno Solerismo 2.0, la única justificación para tragar con todo se acota a un simple "es el único que los ha puesto" (o "es que los otros son peores"), no queriendo entender quienes esgrimen tales argumentos que son ellos los que más tienen que perder si no se empiezan a exigir cambios de políticas y responsabilidades.

Por ello, hoy encontramos un club que tiene miedo de sus aficionados. Y unos aficionados, cada vez más, temerosos de sus directivos. Una dirección deportiva esquilmada y sin margen de maniobra, con un responsable que trabajara para sí mismo en lugar de hacerlo para la institución. Una manada de chavales en plantilla a los que les pesa la camiseta; de veteranos que carecen de personalidad para liderar el equipo y cuya mayoría tiene la cabeza en otra parte desde el pasado verano.

Lejos de corregir defectos se práctica el vacile con el entrenador que diagnosticó el mal y propuso tratamiento. Incidiendo a renglón seguido en aumentar el número de pipiolos en un futuro próximo y desatender la mortal ausencia de carácter que asola la caseta. La heroicidad de Prandelli no está en dimitir, reside haberles desnudado a escala mundial.

El peligro, hoy, es que club de Meriton amenaza con estancarse en un bucle autodestructivo. A pésima gestión, peores resultados. A ingresos raquíticos, más ventas. En ausencia de estructura, más mendigarles las sobras a los grandes. Y una losa anual en forma de deuda a Bankia asomando en el horizonte que supondrá una reducción de la inversión mucho más salvaje.

Sin darnos cuenta, se ha redactado el perfecto manual para el descenso. Y eso, sí da miedo

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